Las vivencias de Juan Carlos Ortega en COMRàdio
Lo mejor que puedo decir de estos quince años de COMRàdio, aunque pueda resultar paradójico, es que no tengo nada que recordar. No es que lo haya olvidado todo. Lo que ocurre es que lo vivido durante todo este tiempo sigue todavía en el presente. No son recuerdos, sino vivencias.
Por ejemplo, sigo teniendo ahora mismo, después de tanto tiempo, una vivencia muy nítida, transformada en agradecimiento, a Miquel Gimenez, quien me dio en antena la primera oportunidad de mi vida para que yo hiciera cuantas locuras se me pasaran por la cabeza. El agradecimiento que le tengo es, en ese sentido, una muestra de lo que antes quería expresar: algo tan intenso que todavía no ha pasado a convertirse en recuerdo. Sigue existiendo intacto, como si no hubiera pasado ni un segundo desde entonces.
Además, COMRàdio también me ha dado durante todo este tiempo vivencias sentimentales. Hablando claro y rápido: me enamoré, por orden alfabético, de todas las chicas que trabajaban en la emisora.
La COM, para mi, está tan íntimamente ligada al enamoramiento como a la radio. Yo iba los sábados y los domingos a la emisora, casi siempre adolescentemente resacoso, porque estaba colado por sus trabajadoras, y es que nunca jamás, en la historia de la Radio, una emisora llegó a acumular tanto nivel de belleza por metro cuadrado.
Y, en cuestiones más “sociales”, decir que la COM ha demostrado siempre ser abierta en muchas cosas. Se me ha dejado hacer mis intervenciones en castellano, mi lengua materna, sin jamás insinuarme que debería hacerlo de otra manera.
Por tanto, la palabra AGRADECIMIENTO, sería la más próxima a definir lo que siento, y sin duda sentiré, por esta emisora.
Juan Carlos Ortega.




